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 Resumen castellano de

 

Restoring Sodom: Towards a Non-sexual Approach

Autor

Dr. Renato Lings

Tesis doctoral

Universidad de Exeter (RU)

Año

2006

Capítulos

Nueve

Tablas gráficas

46

Tamaño total

92.000 palabras

Este resumen

4.500 palabras

 

 

  

SODOMA RESTABLECIDA:

Hacia un enfoque no sexual

 

 

 

Restableceré a Sodoma y a sus hijas.

Ezequiel 16,53

 

   

¿Sobre qué trata esta tesis?

 

 

Inicié mi doctorado en teología en 2002 escogiendo el tema de Sodoma y Gomorra porque históricamente la interpretación general de esta leyenda bíblica ha sido nefasta para la gente lesbiana, gay y bisexual. Intuía que el texto original redactado en hebreo clásico podía proporcionar la clave de otra interpretación aunque me costase mucho tiempo y esfuerzo encontrarla. Con el presente trabajo de investigación me propongo dar respuesta a tres preguntas fundamentales derivadas del relato que figura en el libro del Génesis, capítulos 18 y 19. Las preguntas son éstas:

 

1.     A partir de la era bíblica, ¿se han producido cambios históricos en la interpretación literaria y teológica del relato?

 

2.     ¿Qué significa exactamente el verbo "conocer", en hebreo yāda[ידע]?

 

3.     ¿Sodoma y Gomorra tiene que ver con algún problema de homoerotismo?

 

  

 

Introducción

 

El relato de Sodoma y Gomorra es uno de los más conocidos de toda la Biblia. Al oír mencionar los nombres de estas ciudades, mucha gente piensa en cosas atrevidas, tal vez prohibidas, y probablemente de índole (homo)sexual. Es ésta la interpretación que inspira un sinfín de obras literarias y académicas que tratan sobre el tema, o que lo mencionan de paso.

 

Históricamente los dramáticos sucesos de Sodoma se han citado innumerables veces para justificar la represión de las relaciones homoeróticas. En el código penal de algunos países figura el concepto medieval de sodomía, término que se usa para clasificar una serie de fenómenos sexuales que se salen de las normas tradicionalmente fijadas para el coito vaginal  heterosexual. Sin embargo, conviene preguntarse si la interpretación de Sodoma y Gomorra ha sido siempre la misma o si ha habido cambios significativos a lo largo de los siglos.

 

A continuación me propongo buscar la respuesta a este interrogante. Seguidamente comentaré las razones que me motivan a acercarme a la narración bíblica desde un ángulo alternativo. Finalmente explicaré brevemente cómo podría vislumbrarse una interpretación innovadora basada en un análisis exegético del texto original hebreo. De este esfuerzo se deducirá que el hilo conductor del drama de Sodoma radica en el terreno jurídico. Posiblemente la redacción original del relato se haya producido en medio de un amplio debate bíblico sobre los derechos sociales de los inmigrantes.

 

 

1. El lugar que ocupa Sodoma en la Biblia

 

El relato de Sodoma y Gomorra se inicia en los capítulos 10, 13 y 14 del libro del Génesis. Estructuralmente la parte principal de la leyenda, que abarca los capítulos 18 y 19 del mismo libro, se coloca exactamente en el centro de la importante saga de Abraham y Sara y de su descendencia, hecho de por sí notable. Gracias a esta posición privilegiada es de suponerse que el drama de las dos ciudades contiene datos esenciales sobre los protagonistas Abraham, Sara, Lot, la esposa de este último y sus jóvenes hijas, sus desconocidos invitados y los habitantes de Sodoma. 

 

A lo largo de la Biblia hebrea (Antiguo Testamento, o Primer Testamento), los nombres de Sodoma y Gomorra se mencionan 41 veces. Al margen del Génesis, aparecen principalmente en los escritos proféticos. En este contexto, los profetas hebreos denuncian una y otra vez toda una serie de fenómenos censurables que aquejan la vida social de su época como pueden ser la idolatría, la arrogancia de los poderosos, la injusticia, la opresión, la violencia y los asesinatos. En determinados momentos las palabras proféticas son de indignación y protesta. En otras partes revelan consternación, incredulidad, desesperación, angustia y desgarro. Los autores proféticos comparan los hechos repugnantes que presencian en su entorno con Sodoma y Gomorra utilizando estos nombres como metáfora social, política y religiosa.

 

En el Nuevo Testamento, redactado en griego, continúa esta tradición bíblica asociada con Sodoma. En los evangelios Jesús utiliza la imagen de Sodoma como prototipo de la transgresión que constituye la falta de hospitalidad. Asimismo, las referencias a Sodoma en las cartas de Pablo y en el Apocalipsis se unen al horizonte descrito por los profetas. De esta tradición bíblica se apartan hasta cierto punto las breves cartas de Judas y Segunda de Pedro (véase abajo).

 

En la literatura posbíblica empieza a manifestarse una serie de nuevas visiones de Sodoma y Gomorra. Desde la era helenística, estos nombres geográfico-mitológicos aparecen repetidamente como armas arrojadizas en las controversias sociales y teológicas de modo tal que los planteamientos originales de la Biblia hebrea quedan relegados al olvido. Dicho de otra manera, la imagen de Sodoma se va utilizando según las necesidades  polémicas del momento en que se vive, especialmente en aquellos países donde se impone el cristianismo. En la actualidad los efectos de tales reinterpretaciones aparecen por doquier, por ejemplo en la inmensa mayoría de versiones bíblicas en castellano.



2. Oscilaciones históricas

 

Históricamente las interpretaciones de Sodoma y Gomorra se pueden agrupar en siete periodos o fases. Estas fases se suceden sin rupturas ni transiciones bruscas.


La primera fase abarca la Biblia Hebrea. Aquí el texto original de los capítulos 18 y 19 del Génesis aparece como una obra de arte literaria dotada de un marcado perfil teológico, político y social. En varios sentidos el lenguaje anticipa algunos de los temas centrales planteados por el libro del Éxodo, sobre todo en cuanto al desamparo social que aqueja al residente extranjero. Los profetas conocen bien este aspecto de Sodoma, siendo el libro de Ezequiel (cap. 16) el que más detalladamente se ocupa del drama y de su significado. Este mismo enfoque general predomina también en el Nuevo Testamento, exceptuando la carta de Judas y la Segunda de Pedro (véase la segunda fase).

 

La segunda fase coincide con el periodo de la helenización que se impone a partir del siglo III a. C. El primer indicio de un cambio interpretativo con relación a Sodoma se manifiesta en la llamada literatura intertestamentaria, cuerpo de escritos judíos que comentan una serie de temas bíblicos. La atención de estos autores se aparta ahora de las inquietudes teológicas para centrarse en una cuestión diferente: las relaciones heterosexuales problemáticas, específicamente los matrimonios mixtos entre personas judías y no judías.  Esta literatura influye de forma directa en dos breves escritos del Nuevo Testamento, a saber, la carta de Judas y la Segunda de Pedro. El autor de Judas, por ejemplo, cita varias obras intertestamentarias al hablar de Sodoma y Gomorra, y es evidente que la Segunda de Pedro está endeudada con Judas.

 

La tercera fase comienza con otra novedad de importancia: la aparición de los escritos de Filón de Alejandría (siglo I). El cuadro de Sodoma que pinta este filósofo judío de habla griega se muestra como un auténtico hervidero de pederastia, es decir, bajo el lente de Filón la Sodoma de la Biblia está llena de hombres adultos que buscan ansiosamente oportunidades sexuales con muchachos adolescentes. El texto bíblico estudiado por Filón es la Septuaginta, nombre de la primera traducción al griego de la Biblia hebrea. El propósito de la obra de Filón es atraer a los lectores helenísticos al mundo del judaísmo. No obstante, sus escritos influirán poderosamente en varios padres de la Iglesia cristiana que retoman las imágenes desarrolladas por Filón para expresar su condena de las relaciones homoeróticas. En la literatura judía han sido modestas las repercusiones de la obra del filósofo alejandrino.

 

La cuarta fase refleja la época medieval en la que Sodoma representa cada vez más el supuesto peligro inherente a las relaciones sexuales entre varones. Durante este periodo se impone en Occidente el latín como vehículo de lo sagrado. La versión latina de la Biblia más importante de todos los tiempos es la Vulgata, obra de Jerónimo salida a la luz pública alrededor del año 400. Su prestigio es tal que se erige en el siglo XVI como Biblia oficial de la Iglesia Católica, privilegio que mantiene hasta la década de 1960. Por otra parte, el mundo monástico del siglo XI presencia el nacimiento de un nuevo vocablo de origen extrabíblico al aparecer por vez primera la “sodomía” en una obra redactada en latín por el fraile Pedro Damián. Gracias a la obra de Tomás Aquino, tambien redactada en latín, la sodomía se convierte en el siglo XIII en doctrina oficial del catolicismo. A pesar de su imprecisión, el concepto de sodomía sigue ocupando un lugar imborrable en la vida de la iglesia cristiana, estando omnipresente hasta nuestros días cuando se habla de Sodoma y Gomorra.

 

La quinta fase se inicia en la Baja Edad Media y el Renacimiento a partir de la publicación en Europa de la Biblia en las lenguas originales: hebreo (Primer Testamento) y griego (Segundo Testamento). El acceso a estos recursos bibliográficos permite a los reformadores protestantes someter a revisión amplias partes de la tradición católica, puesto que las traducciones de la Biblia a los idiomas vernáculos ya no dependen de la Vulgata o de la Septuaginta. Las nuevas traducciones directas abarcan naturalmente el libro del Génesis. En cuanto a Sodoma y Gomorra se introducen pocas innovaciones de redacción y en general los comentarios bíblicos de la época no anuncian ninguna ruptura con el enfoque medieval. La continuidad del concepto de sodomía es un hecho hasta nuestros días. Dicho de otro modo, la interpretación de Sodoma que predomina en el protestantismo sigue teniendo hondas raíces católicas.

 

La sexta fase comienza en la segunda mitad del siglo XIX. A estas alturas la palabra “sodomía” inicia su retroceso paulatino ante el avance del neologismo “homosexualidad”, término que se va imponiendo a lo largo del siglo XX. Inclusive la jerarquía católica habla con una frecuencia cada vez mayor de “homosexualidad”, sobre todo a partir de 1962. No obstante, el cambio de terminología en el discurso eclesiástico no refleja ningún cambio ideológico frente a la homosexualiad como fenómeno social. El Vaticano sigue manteniendo una posición intransigente, situación que se repite en diferentes iglesias evangélicas. Además, la sodomía continúa como delito tipificado en el código penal de una serie de países. Dicho sea de paso, la sodomía no se define siempre como una relación sexual entre dos varones sino que abarca, en algunos territorios, el coito anal en las parejas heterosexuales.

 

Finalmente, la séptima fase nace en las últimas décadas del siglo XX. Los comentaristas actuales opinan que el relato bíblico de Sodoma y Gomorra no aporta ningún dato de interés para las discusiones sobre homosexualidad en la sociedad moderna. Según esta corriente, el principal pecado de Sodoma es agresión sexual, o sea, consiste en un “intento de violación colectiva” de los dos viajeros hospedados en casa de Lot. 

 

Lamentablemente la literatura académica sobre Sodoma y Gomorra suele pasar por alto la existencia de las siete fases aquí esbozadas. En consecuencia, muchos teólogos perciben la historia de la interpretación de la leyenda como un proceso ininterrumpido. En la práctica, tienden a reservar el sitio de honor para las voces posbíblicas. La gran perdedora es, indiscutiblemente, la primera fase, o sea, la Biblia hebrea. Al menos esto es así en el seno de la tradición cristiana. Indudablemente fue muy importante el giro lingüístico que dio la iglesia primitiva al abandonar el hebreo clásico para adoptar el griego a la hora de estudiar la Biblia en las páginas de la Septuaginta. Quizás no sea casualidad que la iglesia ortodoxa, cuya versión autoritativa del Primer Testamento es precisamente la Septuaginta, siga expresando criterios muy negativos sobre las relaciones homosexuales.

 

Por su parte, la tradición judaica ha engendrado una mayor diversidad de criterios. Sucede que los eruditos judíos nunca han abandonado el estudio de la Biblia hebrea en el idioma original, hecho que les ha permitido retener una parte considerable de los planteamientos ético-teológicos presentes en el relato de Sodoma y en el resto del Primer Testamento. Por un lado, el pensamiento judío se ha visto influido por los enfoques de carácter sexual que se pusieron de moda durante la fase helenística. Por otro lado, es notable que el concepto de sodomía haya tardado mucho en ocupar un espacio en el ideario judaico. Con relación a Sodoma y Gomorra existe en la tradición rabínica un dicho característico: “la medida de Sodoma”, en hebreo middat Sedōm. Se trata de un término jurídico empleado para describir ciertos actos de mezquindad, entre los cuales destaca la denegación injustificada por parte de un vecino de la petición de un permiso o favor razonable de otro vecino. 

 

 

3. Sodoma y la importancia del idioma

 

En años recientes varios investigadores han señalado que la tradicional lectura cristiana del libro del Génesis está, en una medida considerable, endeudada con la Septuaginta y con la Vulgata. Por ejemplo, varias palabras griegas de la Septuaginta presentes en el relato de la creación del mundo contienen matices que no reflejan con exactitud el texto original hebreo. Al mismo tiempo, es evidente que al traductor le ha resultado difícil la tarea de reproducir en griego algunos importantes juegos de palabras que confieren elegancia literaria a la redacción hebrea. 

 

Si leemos un texto del Primer Testamento traducido al latín o al griego, el vocabulario tiende a llevar nuestro pensamiento por determinados derroteros. Por contraste, si repasamos el mismo pasaje en hebreo, la experiencia será otra. De hecho, ambas lecturas nunca serán idénticas al ciento por ciento. Hay palabras con resonancias y matices que posiblemente se pierdan durante el proceso de traducción a otra lengua. Por su parte, el idioma receptor está dotado de una serie de palabras con connotaciones distintas que tal vez evoquen ideas alejadas del horizonte cultural del texto original.

 

Las nociones de la Caída y del pecado original, que ocupan una posición privilegiada en la teología cristiana, nunca echaron raíces en el judaísmo. Sin duda, esta notable diferencia se debe en parte al hecho de que ambas religiones se han desarrollado en distintos universos lingüísticos. Según la tradición judía, el relato de la creación y la expulsión del Edén constituyen una alegoría narrativa de la manera en que todo ser humano evoluciona desde la inocencia de la infancia hacia el mundo adulto. Es precisamente mediante un acto de desobediencia, generalmente cometido durante la adolescencia, como aprendemos a distinguir entre el bien y el mal, es decir, a crecer como personas y a hacernos responsables de nuestras acciones.

 

También en el caso de Sodoma mucho parece indicar que el factor idiomático interviene de forma decisiva en nuestra lectura del relato. Ya hemos dicho que los teólogos medievales únicamente vieron en el texto una condena del homoerotismo, mientras que los estudiosos judíos desde siempre han aportado elementos para una extensa literatura interpretativa con enfoques sociales. En esta última la óptica sexual está presente pero tiene poca importancia. De hecho, una serie de leyendas del judaísmo medieval pintan un cuadro multicolor de Sodoma en el que los habitantes tratan con crueldad a los visitantes y a los residentes desobedientes.

 

Por tanto, si deseamos alcanzar los estratos más profundos de un texto hebreo de la complejidad de Sodoma y Gomorra, debemos tener en cuenta las inevitables diferencias entre el original y las traducciones. Anteriormente hemos visto que, si estudiamos el relato tan sólo en latín, por ejemplo, se plantea el riesgo de entrar en las arenas movedizas de las interpretaciones alejadas del espíritu del libro del Génesis. En cuanto al caso de Pedro Damián y el estreno mundial de la palabra sodomía, un examen detenido de la obra literaria del fraile revelará que tenía en mente todo el clero de su época a la hora de redactar en latín el Liber Gomorrhianus, "Libro de Gomorra".

 

Por consiguiente, si queremos adentrarnos en el relato bíblico, es aconsejable percatarnos de la importancia del vocabulario hebreo. Si emprendemos un meticuloso análisis literario, veremos pronto que estamos ante la obra de un narrador inspirado y altamente educado. Es más, trascenderá probablemente que el texto primitivo se ha sometido durante la etapa de su gestación a la labor cuidadosa de uno o varios redactores talentosos. Este detalle se deduce del estilo narrativo del texto que conocemos, que es por un lado expresivo y, por otro, sutil, refinado y conciso. Inclusive su carácter lapidario o lacónico merecería el calificativo de minimalista, sin menoscabo de su eficacia.

 

Algunas de las voces hebreas del relato de Sodoma evocan otros pasajes del Génesis, siendo que tanto el lenguaje y el contenido revelan asimismo un significativo parentesco con determinados párrafos de las disposiciones legales agrupadas en el libro del Éxodo.

 

Dada la mala prensa que tiene Sodoma y Gomorra desde hace siglos puede sorprendernos la presencia en el texto de tesoros enterrados. No obstante, lo cierto es que varios comentaristas de la época actual consideran que todo el libro del Génesis, en su redacción original en hebreo clásico, se distingue como una obra maestra del mundo antiguo. 

 

 

4. ¿Qué significa “conocer”?

 

El problema principal que surge a la hora de interpretar el texto hebreo del relato de Sodoma bien puede ser de orden filológico y literario. Especialmente conviene enfocar el importante verbo hebreo yāda, “conocer”. Desde hace mucho tiempo los teólogos vienen clasificando yādacomo eufemismo sexual. Las opciones no sexuales para yāda permanecen prácticamente relegadas al olvido, hecho que salta a la vista si inspeccionamos los diccionarios y las versiones bíblicas en castellano que circulan actualmente. Sin embargo, un examen pormenorizado de la presencia de yāda en la Biblia hebrea demuestra que esta posibilidad no es la más plausible ya que reduce excesivamente el espacio interpretativo. Dicho de otro modo, la problemática semántica que plantea yāda en el relato de Sodoma está sin resolver.

 

Los aspectos ignorados de yāda me han motivado para emprender un análisis detallado de la función, o las funciones, del verbo a lo largo del texto bíblico que nos interesa. Muchos comentarios del Génesis dan la impresión que yāda se hace presente en el relato de Sodoma en dos ocasiones, a saber, en los versículos 19,5 y 19,8. No obstante, al escudriñar el texto entero veremos que el verbo aparece un total de seis veces (véase abajo). En cada caso específico yāda se presta para interpretaciones varias.

 

Un examen de todo el libro del Génesis nos revela que yāda, con 53 apariciones, es un verbo frecuente. En su totalidad estos casos se dejan clasificar en siete categorías semánticas diferentes pero emparentadas, todas las cuales permiten una perspectiva analítica al margen del terreno sexual. Por tanto, es difícil justificar el monopolio imperante de la óptica sexual para yāda en Gn 19,5 y 8, si bien se trata de la solución más fácil y más frecuente.

 

Dicho de otra manera, vemos en yāda al menos siete significados diferentes que tienen poco o nada que ver con el sexo. Se abren así varios caminos para la traducción: conocer, reconocer, distinguir, examinar, percatarse, establecer un contrato, casarse. De estas opciones, varias se hacen eco del lenguaje judicial y jurídico. Si aplicamos a yāda una lectura jurídica, el argumento del relato de Sodoma cambia de rumbo de forma determinante.

 

En primer lugar, este verbo hebreo aparece por vez primera en la conjugación simple llamada qal. Tal es el caso de Gn 18,19 donde YHVH, Dios de Israel, expresa con este término la alianza que ha creado recientemente con Abraham: “lo he conocido”. En segundo lugar, el antiguo contrato matrimonial constituye otro vínculo de carácter jurídico. Desde este punto de vista, Lot se refiere en 19,8 a la minoría de edad de sus dos hijas, explicando que no están todavía en edad para casarse: “no han conocido marido”. Es importante señalar que la palabra hebrea ish tiene varios significados. En general el vocablo se traduce como “hombre” en el sentido de “ser humano del sexo masculino”. Sin embargo, en una serie de casos concretos ish equivale a “marido”.

 

En hebreo clásico el uso jurídico de yāda es de carácter arcaizante. Este aspecto pertenece a una antigua tradición prebíblica que se hace patente en una serie de tratados, contratos y códigos legales del antiguo Oriente Medio.  En tal sentido hay ejemplos documentados procedentes de Babilonia, Asiria y la cultura hitita.

 

En tercer lugar, en la conjugación llamada “cohortativa” yāda indica el deseo de realizar una indagación judicial o policial. La cohortativa aparece en dos ocasiones. En 18,21 YHVH la emplea en este mismo sentido a fin de cerciorarse de la naturaleza del “grito” que emana de la ciudad de Sodoma: “que lo conozca”. En la misma conjugación cohortativa y, por ende, con el mismo significado, el rey de Sodoma y todos sus hombres usan yāda en 19,5. Se nota que están nerviosos ante la inesperada visita de dos extranjeros hospedados en casa de Lot y se empeñan en la verificación de la identidad de los viajeros. Mediante un interrogatorio oficial y público en plena calle, a la vista de todos los habitantes masculinos, pretenden esclarecer exactamente lo que pasa: “que los conozcamos”.

 

En cuarto lugar, la conjugación simple de yāda reaparece hacia el final del relato. El tema principal de los sucesos mitológicos aquí narrados es el incesto (19,32–35). En este contexto yāda actúa dos veces y en frases repetidas. Las jóvenes hijas de Lot desean que continúe la vida a partir de la destrucción total de la ciudad de Sodoma que fuera su hogar. Están en una comarca sin gente y, por consiguiente, resuelven que el único procedimiento que les queda es tener un hijo de su propio padre. El narrador explica que Lot no “conoció” lo que hacían las muchachas. Por un lado, esto puede significar que no se da cuenta de lo que sucede y, por otro, tal vez signifique que Lot no tiene ninguna responsabilidad jurídica.

 

Es interesante notar que la acción sexual que transcurre en estas escenas nocturnas corre a cargo de otro verbo hebreo llamado shākhab, que significa “acostarse”. De hecho, shākhab aparece en el capítulo 19 del Génesis un total de ocho veces.

 

Mientras existieron las tradiciones legales de la era prebíblica en el antiguo Oriente Medio, es de suponer que era perfectamente entendible el papel jurídico desempeñado por yāda en una serie de tratados, alianzas y contratos. Según fueron cambiando los tiempos—especialmente a raíz del exilio babilónico—, el idioma hebreo sufrió una serie de transformaciones. Ya en la época tardía o posexílica, el aspecto jurídico de yāda parece haber caído en desuso hasta el punto de convertirse en indescifrable. En el caso de Sodoma, y a partir de la era helenística, el vacío lo va llenando la creciente tendencia a aplicar ópticas sexuales. Debido a la dependencia de la iglesia primitiva de la Septuaginta, y a raíz del monopolio conseguido en la iglesia romana por la Vulgata, la misma tendencia se refuerza y consolida hasta ocupar en la Edad Media una posición excluyente.

 

 

5. La esencia de Sodoma

 

El drama de Sodoma y Gomorra forma parte de una larga y compleja narración sobre dos inmigrantes llegados juntos a la tierra de Canaán (Abraham y Lot). Se pone de relieve la diferencia entre sus destinos. Uno permanece fiel a su alianza con YHVH, gracias a la cual su vida se colma de bendiciones (Abraham). El otro, al abandonar el camino de YHVH para integrarse plenamente en la vida de los cananeos de Sodoma, lo pierde todo (Lot). Además, el narrador manifiesta un profundo compromiso con los desposeídos y marginados como son el inmigrante (Lot en Sodoma), las viudas y los huérfanos (indirectamente, las hijas de Lot). Esta preocupación social resuena en las páginas del Éxodo, libro con el que el relato de Sodoma mantiene fuertes vínculos textuales y temáticos.

 

De forma análoga, los detalles filológicos del relato de Sodoma demuestran el carácter estrecho del vínculo entre los detalles idiomáticos del hebreo y la interpretación teológica. Entre las importantes áreas de investigación descuidadas por muchos círculos académicos está la intersección entre teología y traducción. Un texto traducido con humildad y sensibilidad es capaz de iluminar al lector. En cambio, una traducción dudosa o errónea puede dar lugar a una teología ajena a los planteamientos centrales del documento clásico.

 

Los vaivenes de la historia de la interpretación del relato de Sodoma y Gomorra aportan un importante ejemplo de cómo una óptica puramente sexual es capaz de opacar cualquier otro planteamiento bíblico. En este caso concreto tenemos un episodio de gran fuerza dramática cuya redacción original se produjo probablemente en medio de un intenso debate de orden ético, étnico, social y teológico. Los temas centrales parecen haber sido la situación del inmigrante, la presencia de los pueblos cananeos, la legitimidad de la descendencia de Abraham y la no legitimidad de la descendencia de Lot.

 

Si a yāda le aplicamos un enfoque jurídico, cambia radicalmente la imagen que se tiene tradicionalmente de Lot y de sus hijas. Basándonos estrictamente en el lenguaje, es posible que Lot en 19.8 esté proponiendo a las autoridades de Sodoma un trueque de plazo limitado. Desde este punto de vista, Lot se declara dispuesto a entregar a sus dos hijas menores como fianza para que las custodien los oficiales de la ciudad. De esta manera demuestra que comprende perfectamente la inquietud que le han expresado acerca de la ignorada misión que traen los visitantes.

 

Lot pretende con su oferta crear una situación de equilibrio, prometiéndole a las autoridades locales que a la ciudad no le pasará nada. En recompensa pide que le dejen ejercer en paz sus obligaciones de anfitrión. Lo cierto es que Lot se siente presionado al máximo y necesita lograr dos cosas al mismo tiempo: (1) convencer a los habitantes de Sodoma de su respeto a las costumbres locales;  (2) obedecer el imperativo de mantener vivas las ancestrales tradiciones hospitalarias en las que se educó durante todos los años de vida compartida con su tío Abraham.

 

Desde esta perspectiva, el episodio narrado en los versículos 19,4–9 trae reminiscencias de otras situaciones del Génesis donde inmigrantes indefensos se ven ante momentos de gran peligro. Una y otra vez recurren a sus mujeres, y a veces a sus hijos menores, para que les sirvan de escudo o de embajadores de buena voluntad. Tal es el caso, en diferentes momentos de sus vidas, de Abraham, Isaac y Jacob.

 

Cabe señalar que la Biblia hebrea no establece ninguna distinción clara entre teología, ética, historia y política, puesto que las categorías se entrelazan en todo momento. Además, lo que hace enriquecedora la investigación del tema de Sodoma y Gomorra radica en la resistencia de que hace gala la Biblia hebrea ante la tentación de conformarse con una interpretación única. Lejos de tal enfoque estéril, los redactores bíblicos siguen avanzando paso a paso como impulsados por una sensación de desasosiego, en pos de nuevos horizontes.

 

Varios profetas, especialmente Isaías y Ezequiel, encarnan esta búsqueda. Así es como llegan a superar el tradicional etnocentrismo israelita para adoptar una teología universalista. El libro de Ezequiel refleja un largo proceso psicológico de toma de conciencia. Una vez superada su tremenda amargura inicial, el profeta va comprendiendo que la naturaleza del Ser Supremo encierra mucho más que ira y castigo. En efecto, YHVH ama a todos los pueblos.

 

En el capítulo 16 del libro profético, estas reflexiones llevan a Ezequiel a sacar una conclusión tan insólita como maravillosa. Si Jerusalén recibe la promesa firme de su restablecimiento futuro—a pesar de la extrema gravedad de sus faltas—, también a otras ciudades pecadoras volverá la esperanza. Incluso la despreciada Sodoma tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra.       

 

 

Conclusión

 

Si dejamos a un lado la tradición medieval y moderna para fijar nuestra atención en el texto original, percibimos mucho mejor la propia voz del narrador bíblico. Sodoma y Gomorra abarca los capítulos 18 y 19 del libro del Génesis, con lo cual el relato se erige en piedra angular de la saga del inmigrante Abraham (capítulos 12–25). El texto hebreo recalca una serie de cuestiones teológicas y sociales: la importancia de confiar en YHVH ante las situaciones más desesperadas (Abraham, Sara); la obligación de obrar con justicia y misericordia (Abraham); la virtud de dar acogida hospitalaria al viajero desconocido (Abraham, Lot); la problemática de los matrimonios mixtos con cananeos (Lot y su familia); y la intervención directa y contundente de YHVH ante la opresión de los indefensos (el inmigrante Lot y sus hijas).

 

 

 

 

 


GLOSARIO

 

 

Término

Definición

 

 

Biblia hebrea

Antiguo Testamento

cohortativa

conjugación verbal enfática (primera persona)

helenización

proceso de aculturación iniciado por las conquistas de Alejandro Magno

literatura intertestamentaria

escritos no canónicos dedicados a temas bíblicos

qal (kal)

conjugación simple del verbo hebreo

sodomía

concepto sexual impreciso inventado en el siglo XI

 

 

  

 

TÉRMINOS HEBREOS ESCOGIDOS

 

 

Hebreo

 

Latinización

              Castellano

 

 

 

 

יהוה

 

YHVH

El Eterno; Quien Era, Es y Será

בוא

 

llegar, venir, entrar

גר

 

gēr

extranjero, forastero, inmigrante

זעקה

צעקה

 

zaakâ

tsaakâ

grito, clamor, lamento

ידע

 

yāda

saber; conocer; investigar; tener una relación formal (contractual)

שׁכב

 

shākhab

acostarse

 

 

 

 

 

 Sodoma y Gomorra

K. Renato Lings ©

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mis agradecimientos a Sergio Campos, Luis Escolano y Emilia Silvestre.